"No eres feo, eres pobre", 14º entrega: El momento de la verdad

Carolo y Margarita se encontraron para almorzar como habían quedado, en ese mítico lugar que tantas veces los había visto cruzar miradas cómplices e intercambiar besos fugaces.
Esta vez, el aire no estaba tan cortado como en el primer encuentro. Carolo ya estaba seguro de lo que quería y al parecer Margarita también.
Luego de ordenar, Carolo no dejó pasar ni un minuto y le dijo a Margarita en tono firme: -Margarita, reconozco mi error y no quiero perderte. Estoy dispuesto a no hacer preguntas y a jugarme todo. Eso es lo que tengo para decir, esté bien o mal, es lo que siento y quiero.-
Margarita se quedó muda ante sus palabras y de pronto la duda y preocupación reaparecieron en su rostro.
-Carolo, necesito contarte algo antes de que tomes cualquier decisión. No quiero que haya mentiras entre nosotros, ya no puedo ni quiero ocultarte nada.- dijo Margarita. Carolo respiró profundo, asintió y escuchó atentamente a Margarita. Estaba preparado para todo, su cabeza ya había hecho y rehecho miles de historias sobre ella y Javier, supuso que nada lo sorprendería. Sin embargo, Margarita tenía más misterios de los que él creía...
-Carolo, Javier y yo estamos casados.- continuó. En ese preciso instante, la moza que se acercaba a la mesa contigua a servir un plato, tambaleó del susto al escuchar reaccionar a Carolo.
-¿¡Pero qué me estas diciendo!?- exclamó Carolo - Margarita, no entiendo, por favor, dame una explicación coherente de todo esto!-
-Calmate Carolo, no es como lo pensas, nuestro casamiento no fue por amor- se apresuró a decir Margarita -Los padres de Javier querían que se case con una joven adinerada de Willow Creek para poder hacer negocios con sus padres, pero Javier no soportaba estar más de una hora en la misma habitación con ella. Entonces me pidió que nos casaramos para que sus padres no pudieran obligarlo. En ese entonces yo estaba en la universidad, repitiendo una y otra vez las mismas materias, sin saber qué quería realmente para mi futuro. El me ofreció vivir en su piso con todas las comodidades y hasta un sueldo para que finja ser su mujer frente a sus padres.-
Carolo no podía creer lo que estaba escuchando y no pudo evitar que su mente retorcida y colmada de celos le diera ideas sobre las tareas conyugales por las que quizás Javier podía haberle ofrecido dinero. No quería pensar así de Margarita. No debía. Era presa de sus inseguridades otra vez. Prefirió seguir escuchando.
-Siempre tuve mi propia habitación y Javier jamás se propasó conmigo. De hecho nuestra convivencia era fantástica, nos divertíamos mucho. Pero perdí mi libertad. Los padres de Javier estaban atentos a todos mis movimientos, sospecharon desde el principio.- continuó Margarita. Carolo sintió alivio al escuchar eso y se alegró de haber contenido su opinión segundos atrás. -Hasta que un día, frente a la presión de sus padres, Javier me propuso tener un hijo con él...-
Carolo creyó haber cantado "victoria" antes de tiempo...
La moza se acerca a la mesa delicadamente con miedo a encontrarse con otra reacción de Carolo, deja los platos, desea buen provecho y se aleja lo más rápido posible. Carolo permanece en silencio, vuelve a respirar profundo y comienza a comer. Margarita toma un poco de vino y continúa con su historia.
-Dudé mucho frente a esa propuesta, porque debo reconocer, ya que dije que no iba a haber más mentiras, que para ese entonces había empezado a sentir algo por Javier.- Carolo volvió a sentir subir la temperatura en su cara- Pero hablar con Milena hizo que me decidiera por huir.-
Margarita comió un poco, esperaba la reacción de Carolo, pero vio que él sólo seguía escuchando sin emitir un sonido, así que prosiguió: -Milena me dijo que Santiago estaba buscando un compañero para compartir gastos y yo ya no quería seguir vendiéndole mi vida a Javier. Así que hablé con él, ideamos un plan creíble para sus padres y me mudé a Newcrest. Pero aún somos marido y mujer frente a la ley y lo seguiremos siendo hasta que él encuentre alguien con quien quiera pasar sus días.-
Carolo se sintió aliviado de escuchar el final de la historia y le pidió a Margarita hablar de otros temas por el resto del tiempo que les quedaba. Debía procesar la información y realmente quería disfrutar de la comida. Margarita respiró aliviada también y estuvo de acuerdo con la propuesta de Carolo.
El resto del almuerzo fueron risas. Carolo hizo uso de sus facultades cómicas para borrar todo rastro de mal momento de su mente y de la de Margarita.
Al pagar la cuenta, Carolo le propuso a Margarita ir a su casa y ella aceptó.
Pero no aguantó y decidió jugársela con un beso. Para su sorpresa, Margarita no se resistió.
 Al llegar a su casa no hubo mucho preámbulo, ni siquiera hubo tiempo de poner un poco de música. Carolo y Margarita sellaron su reconciliación con dos besos en el sofá y 20000 en la habitación.
 A Carolo le volvía el alma al cuerpo, confiaba en que todo iría bien de ahora en más.


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