"Todo por mi sueño" -16: Padres, amigos, amantes

Victor, espero no causarte problemas con mi llamado, pero es que estoy un poco asustada. —dijo Lidia al teléfono.
No hay problema, Lola, usualmente no estoy en casa. En todo caso simplemente no atenderé, pero puedes llamar cuando quieras. ¿Qué sucede?
Lidia le contó lo acontecido con la falsa rubia y las demás y también lo del inmundo policía. Le dijo también que Bakko le había dicho que él podría ayudarla.
Has hecho bien en contarme, Lola. Llevo tiempo teniendo problemas con esa gente. Son mediocres y se les suben los humos.
Quise arreglarme sola pero la verdad es que no puedo evitar tener un poco de miedo.
Y haces bien en tenerlo. Ese tipo es capaz de cualquier cosa, es un imbécil. Pero bastará con hablar con un amigo para que lo ponga en vereda. Quédate en casa unos días, cierra bien la puerta, que yo te avisaré cuando tenga novedades.
Muchas gracias, Victor, no sé cómo agradecerte…
Solo sigue siendo tú, nos has cambiado la vida, Lola. No dudes en llamar si me necesitas.


Lidia se quedó más tranquila después de hablar con Victor, sobre todo porque seguía manteniendo a Mauricio fuera de ese problema. Demasiado estaba haciendo ya como para tener que ser también su protector.


Al día siguiente alguien golpeó a su puerta. No podía simplemente no responder, podría ser Mauricio o algún cliente, así que se acercó a la puerta y preguntó con vos firme:
¿Quién es?
Del otro lado le siguió un breve silencio y luego obtuvo su respuesta.
Soy Dominic, Lola, ¿no es un buen momento?

Se apresuró a abrir la puerta y pedir disculpas, explicándole brevemente lo sucedido.
Lola, esas chicas ni siquiera saben lo que están haciendo. He ido a verlas alguna vez pero no me he sentido cómodo. ¿Piensas quedarte encerrada para siempre?
No, no, Victor se está encargando de este problema. Sólo me pidió que me quede en casa hasta que todo esté en orden. Qué bueno que has venido, comenzaba a aburrirme. —le dijo mientras tomaba sus manos y se mordía los labios.
Dominic le gustaba mucho más ahora que él le había tomado confianza; su encuentro en el festival había sido muy divertido y esperaba que ahora sus experiencias fueran aún mejores.
Pues, no he tenido un buen día y huí de mi casa. Y preferí venir aquí en lugar de ahogar las penas con alcohol en el antro.
Has elegido bien, te haré unos masajes y verás cómo te relajas.
Las fuertes manos de Lidia en su espalda, su perfume y la calidez de su hogar, trajeron a la mente de Dominic recuerdos de sus buenos tiempos de noviazgo con su esposa. Le costaba entender cómo aquello había cambiado tanto. Si bien aún tenían momentos buenos, eran débiles comparados con la cantidad de discusiones y el mal humor reinante en su casa.
Perdona, Lola, no logro concentrarme. Creo que será mejor ir por esos tragos.
No te preocupes, cielo. Pero escucha, ¿qué tal unos tragos conmigo mientras vemos una película?
Dominic vio la sonrisa dulce y comprensiva en el rostro de Lidia y de pronto recuperó las ganas de estar allí. Suspiró, le dedicó también a ella una sonrisa y comenzó a quitarle la ropa.


Si quieres, aún podemos ver aquella película. —dijo Dominic mientras se vestía.
¡Yo sí quiero! —respondió Lidia.
En la sala, Dominic comenzó a prestarle más atención a las pinturas de Lidia. Al llegar prácticamente las había ignorado. Eran muy buenas en verdad.
Oye, Lola, ¿realmente necesitas estudiar? Yo creo que tienes un nivel muy alto y podrías ya vivir de esto en lugar de… bueno, tú sabes.
Lidia lo miró y le dijo, a modo de chiste:
¿Acaso ya no me quieres?
Dominic rió.
No es eso, lo digo por ti.
Dominic, disfruto mucho de tu compañía y de la de los demás. Si algún día me convierto en una artista millonaria, ni pienses que voy a querer dejar de verte. Haremos cochinadas en sábanas de seda y gratis, sólo eso cambiará.
Dominic estalló en una carcajada al escuchar eso. Lidia era dulce, graciosa, decidida, merecía todo lo que deseara.
Después de unos tragos y un poco de cine, decidió volver a casa. Pasar el rato con Lidia lo había ayudado a reflexionar sobre su relación con su esposa y salió de allí decidido a recuperarla, tal y como sabía que era debajo de todo ese mal humor que mostraba a diario.


Luego de ducharse, Lidia decidió buscar algo para leer, llevaba tiempo sin hacerlo y era una actividad que le gustaba mucho. Leer la hacía imaginar y la inspiraba, escapándose un buen rato de la realidad.
Junto a la puerta del baño, Mauricio había instalado una pequeña biblioteca, consciente de los gustos de Lidia. Hurgó entre aquellos libros en busca de un título que llamara su atención y se topó con un manual de pintura.
Mauricio… ¿qué voy a hacer contigo? —murmuró mientras sonreía.
A pesar de que insistiera en rechazar más ayuda de su parte, no podía evitar que él hiciera lo imposible por su bienestar.
Se sentó en la sala para estudiarlo, y mientras soñaba con la posibilidad de utilizar todas esas herramientas y técnicas que veían entre sus páginas, volvió a escuchar golpes en su puerta. Al acercarse y preguntar nadie respondió. Temblando un poco se asomó por la cerradura y pudo ver a Dominic cruzar la calle corriendo y subir a su auto.
Abrió la puerta rápido para confirmar su presencia y se encontró con algo inesperado. Frente a sus ojos y al alcance de sus manos, había un atril. Se quedó inmóvil viéndolo hasta que reaccionó al ruido del motor del auto de Dominic. Giró su rostro hacia él sin poder aún articular palabra, solo para verlo guiñarle el ojo desde la ventanilla mientras se alejaba.

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