"Todo por mi sueño" -15: Luces de neón

El atardecer de aquel domingo Lidia respiraba paz. Más allá de los malos ratos y de su inclemente realidad, sabía lo que valía y seguía con la firme idea de demostrárselo a su padre. Cualquier piedra que entorpeciera su camino se vería pequeña comparada con el tamaño de su voluntad.
Dominic fue quien se encargó de cerrar su día con el broche de oro, invitándola nuevamente a San Myshuno.
Esta noche es el Festival del Romance, habrá muchísima gente y podremos perdernos en la multitud. Luego tu y yo, ya sabes... nos esconderemos por ahí.
Suena muy divertido, Dominic —dijo Lidia en un tono pícaro y sensual—, en un rato estaré allí.
San Myshuno no estaba muy lejos de Newcrest, solo eran unos veinte kilómetros que no le llevaban más de 10 o 15 minutos de viaje en tren. Ir en taxi era más complicado y caro, porque la ruta rodeaba la ciudad y comunicaba a Newcrest con Magnolia Promenade, para luego desde allí poder ir hasta San Myshuno. El viaje en tren era más directo porque cruzaba campo, río y ciudad sin siquiera un peaje que lo detenga.
¿No quieres que pase a buscarte?
No, cariño, no te tomes ese trabajo. En tren es más rápido.
No es problema para mi, ¿estás segura?
Segura. En media hora sale un tren hacia San Myshuno, deja, me arreglo y nos vemos en un rato.

A Lidia la ciudad le deslumbraba cada vez, había ido de visita tantas veces y sin embargo siempre se sorprendía al comenzar a ver sus luces desde la ventanilla del tren. Los ojos le brillaban llenos de ilusión de solo pensar que algún día podría verlas cada noche desde su ventana.

Durante el festival, Dominic y Lidia charlaron un poco. Él le contó sobre sus pasatiempos y Lidia habló también de los suyos.
No me imaginaba que te gustara pintar, Lola. Me inclinaba más a pensar que te gustaba la música y que quizás tocabas algún instrumento.
Bueno, de chica le pregunté una vez a mi padre si podía comprarme un piano y él respondió que mis manos no eran de pianista. Cuando insistí, haciendo un poco de berrinche, simplemente me dio una cachetada y dijo "¡ve a curar a tus muñecas con tu juego de doctora!"
Los padres a veces somos un poco intensos. No es por defenderlo, pero yo también he reaccionado así con mi hija alguna vez y no es con mala intención. Quiero hacerle bien.
Pues mi padre no me ha hecho ningún bien, mira dónde me ha llevado. ¿Sabes por qué trabajo de esto ahora?
Lidia fue sincera con Dominic y le contó todo lo que había sucedido con su padre. No sabía si estaba haciendo bien ni cómo reaccionaría él, quizás fuera contraproducente y él corriera a avisarle a su padre, pero el té sakura le había aflojado la lengua y no podía callarse.
Lola, no sé qué decirte. ¿Él ha intentado comunicarse contigo?
Nunca. Espera que yo vuelva famélica bajo su ala, convertida en una mujer sumisa que cumplirá con el legado familiar para su propio beneficio.
Dominic se enfureció. No compartía la forma de actuar del padre de Lidia, le parecía extremista e innecesario y se replanteó un poco sobre la relación que tenía él mismo con su hija.
Pues, ¿sabes qué te digo? Que tendrá que tragarse sus palabras cuando triunfes, porque no dudo que lo lograrás, Lola. Eres una mujer fuerte y no pareces tener 18 años. Contigo la adversidad hace maravillas, eres inteligente, de otra forma ahora estarías drogándote por ahí o quizás algo peor.
Lola sonrió y tomó el último sorbo de su té, miró hacia ambos lados y le guiñó el ojo a Dominic mientras se alejaba hacia la parte trasera de un puesto de revistas cercano a la plaza donde se realizaba el festival. Dominic la siguió unos metros más atrás, disimuladamente.

Esto de escondernos es divertido, pero creo que un día moriré de un infarto por miedo a que nos vean. Es demasiado intenso. —dijo riendo Dominic al terminar.
Lidia también rió. Luego él se despidió y Lidia decidió quedarse un rato más en el festival, justo lo suficiente para ver los fuegos artificiales iluminar ese cielo que deseaba tanto.


El fin de semana había sido intenso, interesante, productivo, maravilloso... ya iba siendo hora de que algo malo sucediera. No es que Lidia fuera pesimista, es que así es la vida, un ciclo que se repite de forma continua golpeándonos y curándonos para que aprendamos de ella.
Si bien el lunes comenzó bien, con unas ínfimas facturas de 1400 simoleones que Lidia pagó con una sonrisa en los labios porque le sobró mucho dinero, fue decayendo hacia la tarde con un aire cortado de acecho.

Lo primero fue escuchar un ruido fuerte en su vereda y encontrar el tarro de basura caído con toda la basura desparramada. Y lo segundo, ser atacada por tres jóvenes furiosas que alegaban ser víctimas de su buena fortuna.
¡Maldita desgraciada! Ya nadie viene a vernos, te advertí que esta zona era nuestra. ¿No te bastó con el regalo que te enviamos? ¿Quieres que le digamos dónde vives ahora? No fue difícil encontrarte.
Muéstrame el título de propiedad de la ciudad, perra. —respondió Lidia ante el ataque de aquella falsa rubia que intentaba denigrarla.
Vendrá cuando menos lo esperes, zorra, esta vez no tendrá piedad de ti. Te lastimará y luego te encerrará. ¡Tu no sabes con quien te metes!
Ah, ¿si? Y dime, ¿cómo pagaras su servicio? ¿Crees que te mantendrá mucho tiempo si no le haces ganar dinero?
La falsa rubia se quedó callada y miró a las demás. Tomó la palabra otra rubia que jamás había visto:
Recuperaremos a nuestros clientes si tú no estás y entre las tres él gana mucho más. No te hagas la inteligente con nosotras.
No me hago, lo soy, haces cuentas en el aire y las borras con tu aliento a whisky, cerda. —respondió Lidia, riendo por su argumento sin sentido.
Fue suficiente para que la falsa rubia se abalanzara sobre ella y comenzaran a pelear, pero Lidia era mucho más fuerte y hábil, así que no le resultó bien. Mientras la de la melena amarillenta soltaba manotazos al aire como una criatura encaprichada, intentando tironear las rastas de Lidia o rasguñar su rostro, Lidia acertaba uno a uno los golpes que soltaba hacia su cara, terminando en un fuerte golpe en la sien que la dejó atontada.
Sus compañeras se alejaron en lugar de defenderla al ver que no tendrían oportunidad ante los conocimientos de boxeo de Lidia.
Dile que venga, anda, que lo espero bañada y perfumada. Tú eres la que no tiene idea de con quién se mete. Ve al hospital, creo que has perdido masa encefálica... ah no, espera... creo que eso es lo tienes de nacimiento. ¿Tú también quieres lo tuyo? —dijo girando de pronto hacia la tercera, que no había abierto la boca y la miraba con temor, pero las tres se alejaron refunfuñando insultos y amenazas entre dientes.

"¡Al diablo con las putas tristes y el policía inmundo! ¡Si se atreve a volver le arrancaré los huevos con los dientes, puto enfermo!" pensó al entrar a la casa y llamó a Victor como Bakko le había aconsejado. Aquella primera vez en que la visitó no había podido reaccionar por miedo, pero ahora sabía que estaba protegida.

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