"Todo por mi sueño" - 10: Cambios

En el transcurso de la semana Lidia recibió un llamado de su madre. Su padre estaría de viaje por dos días con su hermano y tenía oportunidad de visitarla y llevarse toda su ropa. Lidia se alegró de al fin poder abrazarla, le hacía falta, su madre siempre había sido una gran amiga para ella. Pero sentía también que no podría mentirle cuando le preguntara qué estaba haciendo para subsistir.
Cuando llegó, su madre la esperaba ansiosa en la vereda.
-¡Hija mía! ¡Qué alegría tenerte en casa!- dijo Sandra con lágrimas en los ojos. En sus intentos de razonar con su marido, Sandra sólo había logrado salir más lastimada al escucharlo hablar tan despectivamente de ella. Su hermano David no opinaba, pero siempre hacía silencio cuando su padre hablaba, dando a entender que estaba de acuerdo.
-¡Mamá! ¡Qué ganas tenía de poder abrazarte!-
Sandra y Lidia charlaron largo rato en el comedor y Lidia definitivamente no pudo ocultarle lo que estaba haciendo de su vida. En un principio Sandra se horrorizó pero la seguridad de Lidia la tranquilizó un poco.
-Mamá, ¿recuerdas cuando te dije que para el amor no era convencional? Yo no estoy sufriendo con esto... Es muy difícil hablar de estas cosas contigo pero no quiero mentirte ni quiero que te preocupes por mí más de lo normal. Nadie me obliga a nada, al contrario, los hombres me tratan muy bien y sé que Mauricio no dudaría en defenderme si algo malo sucediera.-
-Pero hija, es que no entiendo...-
-Mira mamá, es que... esto es incómodo... disfruto mucho del sexo y...- Lidia estaba ya demasiado avergonzada por hablar de estos temas con su madre y su rostro hervía. Sandra lo notó y ya no quiso presionarla.
-Hija, déjalo, ya está, sólo quiero que estés bien. ¿Estás bien?-
-Si mamá, estoy bien...- y volvió a abrazarla.
Después de un café y unos colines, Sandra ayudó a Lidia a seleccionar algo de ropa. Había cosas que no usaba hace tiempo y decidieron que sería mejor donarlas, al igual que su casa de muñecas y el resto de sus juguetes que guardaban de recuerdo.
-No creo que vuelva más a esta casa, mamá, no tiene sentido que guardes estas cosas. Prefiero vivir en la calle a volver con papá, nunca aceptará mis ideas. Puede desheredarme si quiere, pero jamás dejaré de perseguir mis sueños ni dejaré que maneje mi vida a su antojo.-
-Me duele escuchar eso, hija, pero a la vez me enorgullece. Si me necesitas sabes que cuentas conmigo, aunque no de forma monetaria, ya sabes que me ha quitado eso. ¿Puedes creer que contrató a alguien para que haga las compras y le pide el ticket detallado cuando regresa?. ¡No me deja tocar un solo simoleón!-
-No te preocupes, mamá, cuando sea famosa y viva en la ciudad, no te faltará nada. No importa lo que tenga que hacer para lograrlo, le cerraré la boca y tendrá que pedirme perdón.-
El teléfono de Lidia comenzó a sonar en ese momento, era Salim.
-Preciosa, voy de excursión en mi día libre otra vez... ¿vienes?-
-Claro, cielo, dime dónde te veo-
Sandra observaba un poco avergonzada, era raro ver a su pequeña Lidia actuando así.
Al terminar de hablar Lidia dijo:
-Mamá, si vieras a Salim...- cerró sus ojos y suspiró -Es jóven, atractivo y huele tan rico.-
Sandra rió un poco en complicidad, buscando sentirse cómoda en una charla tan íntima con su hija. Luego se despidieron y Sandra reafirmó su apoyo.
-Sigue adelante, hija, tienes todo lo que hay que tener para lograr lo que deseas. Confío en tí, pero cuídate mucho-

Esta vez la cita era en una antigua mansión que se decía embrujada, aunque no se parecía a las viejas y descuidadas que aparecen en las películas porque se veía impecablemente lujosa. Sus jardines se extendían más allá de lo que uno pudiese llegar a ver.
-¿Te gusta el lugar?- preguntó Salim mientras pasaba su mano por su espalda. A Lidia se le erizó la piel.
-Es imponente, la verdad... ¿acaso quieres mostrarme sus jardines?- dijo Lidia con una mirada pícara.
-Shhh... que nadie ha notado que llegamos... ven, sígueme-
A la vera de un arroyo lindero a la gran mansión, en un precioso claro bañado por la luz de la luna llena que apenas asomaba, había una especie de glorieta cubierta de enredaderas. Allí, Salim se acercó a Lidia dulcemente y le dijo al oído:
-Una mujer tan bella como tú irradia su propia luz... eres como la primer estrella de esta noche, Lola-
Lidia sintió que sus rodillas se aflojaban.

En un momento les pareció escuchar ruidos extraños, ambos rieron pero también se asustaron, así que decidieron irse rápido de esa extraña mansión.
-Espero que igual hayas quedado satisfecho, Salim. ¿Será que realmente está embrujada? Esos sonidos no eran normales...-
-En realidad eran mis tripas porque ya me dio hambre, pero quise disimular- dijo Salim risueño. A Lidia le agradaba mucho estar con él, se sentía cómoda y respetada.

El resto de la semana se lo pasó limpiando y reparando cosas, confiaba en que el sábado Victor llamaría para visitarla con amigos o al menos eso quería pensar. Necesitaba más dinero para hacer frente a las próximas facturas y para poder mudarse en caso de que Mauricio consiguiera un nuevo lugar.
Por suerte así fue. Victor llamó y trajo nuevos amigos. Aún tenía algo de dinero de la venta del televisor, quizás pudiera esta vez pagar las facturas sin problemas, aunque se quedara en cero para el lunes y tuviera que volver a empezar.

La mañana siguiente Lidia tuvo una buena noticia: Mauricio iría a pasar el día con ella. Se apresuró a vestirse aunque él tardaría una hora más en llegar, estaba ansiosa por verlo y por saber si tenía noticias sobre algún nuevo lugar.
Cerca del mediodía Mauricio llegó.
-¡Mau! Me moría por verte.- dijo Lidia al recibirlo.
-No sabes las ganas que tenía de venir, me ha costado horrores encontrar el tiempo. ¡Te traigo noticias!-
-¡Ay! ¡Por favor dime que me gané la lotería!- dijo Lidia bromeando.
-Pues eso ya lo has hecho cuando me conociste, cariño- respondió Mauricio con una pícara sonrisa en los labios-, pero esto te va a gustar también: ¡ya tengo un nuevo lugar para ti!-
A Lidia le volvió el alma al cuerpo, confiaba en que todo sería más fácil sin tantos gastos.
-¡Me alegra tanto, Mau! ¿Cuándo puedo mudarme?-
-Aún no está listo, vendré a buscarte a mitad de semana. No es la gran cosa y es muy diferente a esto y a cualquier cosa a la que estés acostumbrada, ¡pero podrás comenzar a estudiar porque estoy seguro de que te sobrarán simoleones!-
-Mauricio, no sé si ponerme feliz o asustarme... ¿qué clase de lugar es?-
-Li, sabes que jamás te haría daño, no me ofendas así. Simplemente es distinto, pero estoy seguro de que va a gustarte y te sentirás cómoda. Le pondremos estilo y será un lugar muy agradable, ya lo verás. ¡Pero no voy a contarte nada más si no me das un beso antes!-
-¿Sólo un beso? ¡No voy a dejarte ni almorzar!- respondió Lidia. Y el resto del día sólo se dedicó a darle placer al hombre que lo daba todo por ella sin pedir nada a cambio.
 -Te quiero, Li...- dijo Mauricio en su oído cerca de medianoche, mientras la abrazaba para dormir. Pero Lidia ya se había quedado dormida.







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