008 Santos - XIV: Mala semilla

Santos le exigió a Ariel las llaves de la casa que habitaban Antonio y su familia, debían aclarar este asunto lo antes posible. Aún temblando y con nauseas, Ariel se las entregó en silencio. Sólo levantó la mirada para buscar a Melina, que apartó la suya y se alejó presurosa para que no la viera llorar.
-Aquí te quedas hasta aclarar algo de todo esto. Sinceramente quiero creer que ese no eres tú.- dijo Santos mientras se iba, dejando a Ariel inmóvil y con la mirada perdida.

Antes de que oscureciera, Santos y Melina ya estaban de vuelta en la morgue. Sobre ella estaba la casa que Antonio le alquilaba a Ariel.
Ariel había decidido alquilar su casa y mudarse a una más pequeña y más cercana al centro, porque no sabía qué hacer con tantas habitaciones ahora que sus padres ya no estaban. Si bien era un lugar cálido y agradable a la vista, en las noches se sentía tan vacía y fría que hasta daba algo de miedo. A sus 29 años Ariel aún no concebía muy bien el concepto de formar una familia y no sabía si alguna vez esos pasillos se llenarían de risas de niños como en su infancia porque todas las veces que había intentado mantener una relación estable lo había arruinado a propósito por miedo, así que tomó la decisión de alejarse un poco y analizar lo que quería para su futuro. Unos meses después Melina llegaba a su vida y lo hacía replantearse todo.
Melina golpeó la puerta varias veces y nadie respondió, así que Santos decidió entrar.
-Si no encontramos ningún rastro de violencia, haremos de cuenta que no estuvimos aquí.- dijo -No voy a quedarme esperando esta vez.-
-Estoy de acuerdo, Santos. Abre ya.-
Más allá de la extensa sala se encontraban la amplia cocina y el comedor, a la derecha un pasillo y la escalera y a sus pies lo que tanto temían.
-¡Por Dios, Santos! ¡Dime que no es cierto!- exclamó Melina y lo abrazó llorando. La idea de haberse enamorado de un asesino necrófilo la estaba carcomiendo por dentro y deseaba con todo su ser que no sea cierto.
-Tranquila, Melina, aún tengo mis dudas. Llama a Daniel para notificarle mientras reviso las demás habitaciones.-
Santos subió las escaleras y no encontró nada en la primer habitación, pero al entrar a las dos siguientes encontró el mismo panorama que escaleras abajo.
-¡Maldición! ¿Por qué estas mujeres? Debemos volver y hablar con Ariel.- dijo Santos guiando a Melina hacia la puerta.

-Hermano, ¿crees que con el paliducho entre rejas tenga oportunidad con Melina?- le preguntó Daniel a Javier -El detective acaba de encontrar otros tres cadáveres en su casa, no le veo un buen futuro.-
-Pues, no lo sé Daniel, ¿de verdad estás pensando en eso ahora?-
-¿Por qué no? El desgraciado está bajo llave, quizás todo haya terminado. Además creo que Melina estará tan triste que necesitará consuelo, puede ser mi oportunidad.-
-Hermano, ¿tu la quieres o sólo te sientes atraído por ella?-
-¿Qué importa eso? Quiero que sea mía. ¿Piensas que si el caso se resuelve ella se quedaría en Windenburg? Lo dudo mucho. No puedo pensar en ella como una mujer a largo plazo.-
-Eso no puedes saberlo, quizás se enamore de ti y decida quedarse, pero no vas a lograrlo si piensas que ella es cualquier mujer y no eres nada romántico.-
-¡Shhh! Calla, que ahí vienen.-
Santos entró a la comisaría y fue directo al pasillo de celdas a hablar con Daniel. Melina lo siguió presurosa.
-Santos, no puedo hablar con él, pero quisiera decirle tantas cosas...- dijo Melina antes de entrar. No podía detener su llanto.
-Melina, por favor, cálmate. Aún no sabemos si fue él. Otórgale el beneficio de la duda. Déjame entrar a mí y ocúpate de encontrar otro forense para que analice los cuerpos. ¿Crees que puedas hacerlo?-
-Santos, pero es que todo apunta a él...-
-Estas dejando de ser objetiva y te dejas llevar por lo que sientes. Melina, si no eres capaz de separar las cosas me veré obligado a apartarte del caso. Ve a hacer tu trabajo y tomate un café, por favor.- dijo Santos poniéndose serio. Melina reaccionó en ese momento y sin decir una palabra agachó la mirada y fue directo a su escritorio.
Santos entró a la celda de Ariel y mintió sobre lo acontecido para ver su reacción. Dijo no haber encontrado a nadie en la casa y le preguntó qué tanto conocía a los familiares de Antonio.
-Muy poco, la verdad. Sólo sé que discuten mucho porque los oigo desde la morgue. He almorzado con ellos alguna vez y por lo que pude notar, Yeni es la típica adolescente que solo va al colegio por obligación y Marta parece ser la más chusma del barrio. En un solo almuerzo habló de unas 6 personas que yo ni siquiera conozco. De hecho, ahora que me doy cuenta, quizás ella pueda colaborar en el caso, creo que supera a Daniel en ese sentido.- dijo Ariel.
-¿Qué relación de parentesco tienen la tal Yeni y la tal Marta con Antonio?- preguntó Santos.
-Marta es su hermana y Yeni su sobrina. Y vive también con ellos su madre, una mujer bastante mayor llamada Berta. Eso es todo lo que sé, Santos. Eso es todo...-


Santos volvió a dejar a Ariel solo en la celda y fue en busca de Javier y Daniel.
-Necesito que investiguen sobre la familia de Antonio. Si cumplen con el patrón debemos establecer un toque de queda en la ciudad. No estoy seguro de que Ariel sea el culpable y tener 4 víctimas en un día es una cifra inaceptable. -
-¿Qué es lo que lo hace dudar de su culpabilidad, Detective?- preguntó Javier.
-Lo mismo que me hace dudar de su inocencia: su inteligencia y sus habilidades-

Melina se comunicó con Cintia para consultarle sobre un nuevo forense y solicitar la ambulancia para retirar los cuerpos. Cuando le dijo la dirección y el apellido de la familia, Cintia exclamó:
-Bueno, se ve que existen otras formas de justicia en este mundo. No sé si merecían la muerte pero...-
-¿De qué hablas, Cintia?- preguntó Melina.
-Es que esa mujer, la anciana, supo ser enfermera en su juventud. Se dice que era ella la encargada de practicar los abortos ilegales en esta ciudad. Hemos tenido que atender muchos casos de sangrado intenso y aunque esas chicas no han querido decir lo que les había pasado, nosotras conocemos los síntomas de una mala praxis de ese tipo.-
-¿Sabes algo de las otras dos integrantes de la familia?-
-No mucho, sólo que su hija me resultaba una mujer desagradable y su nieta otro tanto. Me comunicaré con el forense suplente e iremos en seguida. ¿Tú estas bien? Te escucho un poco rara-
-No es nada, no te preocupes.-
-Pues no te creo. Si quieres podemos tomar un café y me lo cuentas todo. Me caes muy bien, Melina, me gustaría que nos veamos de vez en cuando.-
-Gracias, Cintia, veré como sigue todo y me comunico contigo mañana, ¿si?-
-De acuerdo, llámame y ahí estaré. No lo dudes.-
...continuará


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