La historia de mi simself - XIII

XIII
En los días siguientes noté a Pablo muy molesto. Quizás esperaba que sea yo la que saque el tema y confiese de una vez mi infidelidad. Debía armarme de coraje y hacerme cargo de mis errores, no merecía lo que le estaba haciendo.


-Cariño. Mira… creo que debo sincerarme contigo. No eres tonto.-
-No lo sé. Quizás sí lo soy...-
-¿Sabes? Ante todo quiero que sepas que jamás tuve una mala intención…-
-Pues yo tampoco…-
-¿A qué te refieres?-
-Tú primero.-

-Sé que has notado que los niños son morenos. No es algo que pueda ocultarse… He pensado en irme a casa de una amiga.- le solté sin rodeos. Era tarde para delicadezas ya.
Pablo comenzó a llorar. Me sentí la peor basura sobre la faz de la tierra. Había herido al hombre que se había entregado a mí sin condiciones. 

Sin embargo…
-No quiero que te vayas cariño, pero temo que no podré evitarlo cuando te diga lo que debo confesarte.-
-¿De qué hablas Pablo?-
-Descubrí que te cuidabas a mis espaldas hace tiempo y me enfurecí. Sabías que deseaba un hijo más que nada en el mundo ¡y me lo estabas negando! Así que cambié tus anticonceptivos por placebos…-

-¡¿Qué dices?! ¡Por Dios, Pablo! ¡Me sentía presionada y no estaba lista, solo era eso! ¡Mira cómo estamos ahora!-
-¡De engañarme no puedes culparme! No creo que sólo sea por sentirte presionada, llegué a pensar que ya no me amabas ¡y que me hayas engañado me lo confirma!-
-¡No lo hice por eso! ¡Jamás dejé ni dejaré de amarte!-
-Déjalo, no importa ya. También comencé a engañarte en ese momento. ¡Qué más da! Ya no sirve de nada ocultarnos cosas. Haz lo que quieras, vete con tu amiga...-


Ya no pude decir nada. ¿Qué habíamos hecho? Lo arruinamos todo.



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