La historia de mi simself - X

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Días después noté que mi malestar no terminaba y comencé a sospechar lo peor. No podía ser posible, me cuidaba a escondidas de Pablo, pero lo que sentía no se parecía en nada a una descompostura común.
Decidí realizar un test para quedarme tranquila y me arrepentí de haberlo hecho: positivo.
¿Qué haría? No había forma de saber quién era el padre. ¿Qué pasaba si Pablo no lo era y se daba cuenta mucho después? ¿Y si era Gustavo y venía reclamándome arruinando mi relación con Pablo por ocultárselo? ¿Y si ambos me rechazaban? No podía abortar, Pablo trabajaba en salud, lo sabría al instante aunque lo hiciera ilegalmente. Tampoco era capaz de hacerlo.
Estaba aturdida.
Fui a trabajar como siempre pero realmente no recuerdo ni lo que hice en el trabajo. No paraba de pensar en una solución.
Cuando regresé, decidí llamar a Gustavo y sincerarme. Pero no resultó como esperaba.
-Gustavo, necesito verte, tengo que hablar contigo.-
-Cariño, mira, es que ahora no puedo... verás, es que estoy con alguien... Quizás no es la manera de decírtelo por este medio, podemos hablarlo más tarde con un café si quieres, pero quiero que sepas que estoy empezando una relación seria con ella. Tú tienes a tu pareja y yo no hago más que sentirme un juguete para ti. No me malinterpretes bonita, nadie me obligó y lo disfruté, pero creo que es momento de que sigamos nuestros caminos separados. Te debo un café, ¿sí? Ya hablaremos bien.-
No lloré. En el fondo sabía que me merecía eso. De verdad lo había utilizado para mejorar mi relación con Pablo y no podía interferir con sus posibilidades de estar con alguien que lo quiera realmente. No tenía muchas opciones, debía decirle a Pablo que estaba esperando un hijo y pedirle a Odín y a todos los dioses que conociera que fuera hijo suyo.
...
-¿Qué es lo que te pasa amor? Tú no has mejorado, ¿por qué no me dejas que te revise de una vez por esos malestares que tienes?-
-Cariño, es que...-
-Me asustas... ¿o debo emocionarme?-
-Pues... emociónate... ¡vamos a tener un bebé!-
Minutos más tarde, como era costumbre, celebrábamos de la única forma que sabíamos hacerlo. Bueno, él celebraba y yo intentaba disfrutar lo más que podía de algo que probablemente perdería en un tiempo por mi enorme estupidez.
-Te amo tanto, cariño. Yo no sé qué haría sin ti.- susurró en mi oído. Y ya no pude contener las lágrimas.
Él creyó que eran de felicidad.

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