"Todo por mi sueño" - 9: Turbulencia.

El domingo Lidia despertó cerca de mediodía, no por estar muy cansada sino porque le costó dormir. No podía dejar de pensar en los elevados impuestos de la casa y en cómo le haría frente a la siguiente factura sin necesidad de sacrificar más posesiones que no son suyas.
Mientras devoraba los acartonados e insípidos cereales alguien golpeó a su puerta.
-¡Mauri! ¡No sabía que venías! ¡Qué alegría verte!- exclamó Lidia saltando a sus brazos.
-Hola Li, perdona que no te haya avisado, es que en realidad estoy de paso. Me he escapado antes de una reunión con excusas para poder aunque sea verte un rato este fin de semana. ¿Cómo estás?-
-Oh, Mau, la verdad no muy bien...- comenzó diciendo Lidia -, las facturas de esta casa son altísimas, apenas si logro pagarlas-
-Demonios, tienes razón, esta casa es enorme, debería ayudarte con eso al menos...-
-¡Claro que no! Ya demasiado estas haciendo por mí, me las arreglaré, buscaré otro lugar-
-Bueno, con eso sí puedo ayudarte sin que te ofendas, revisaré mis propiedades, quizás alguna de ellas esté por desocuparse... espera...-
Mauricio consultó su teléfono y a pesar de que no tenía nada disponible al menos por 6 meses, tuvo una idea que podría funcionar, pero se le ocurrió que podría ser una sorpresa y no dijo nada al respecto.
-No, no hay nada, maldición. Pero igual deja que yo me encargue de buscar otro lugar para ti entre mis colegas, será mucho más fácil. Ahora vístete y acompáñame a la hamburguesería, que hoy no he desayunado y muero de hambre.-

Mientras almorzaban, Lidia no dejaba de pensar en el ordenador que había vendido para poder pagar y temía que Mauricio lo notara al entrar a la casa. Debía decírselo.
-Mauri, debo confesarte algo, pero temo que te enfades conmigo.-
-Li, me asustas...-
-Es que... me apena mucho decirlo pero he tenido que vender algunos objetos de la casa para pagar las facturas. He sufrido un corte de luz y agua y no lo toleré. ¡Pero voy a devolverte el ordenador apenas consiga el dinero!-
-¡Lidia! ¿Qué me dices? Esto es peor de lo que pensaba. ¡No podrás pagar tampoco los de esta semana! ¿No te está yendo bien con lo que me has contado?-
-Pues sí, me ha ido bien, pero no es suficiente. Por eso creo que lo mejor es buscar un lugar más pequeño.-
Mauricio suspiró resignado, sabiendo que Lidia no dejaría que le diera un solo simoleón, así que simplemente asintió y dijo:
-Confío en ti, Li, si lo necesitas puedes vender algo más hasta que encontremos otro lugar. No te preocupes por eso.-
De cualquier manera estaba ayudándola y no tenía intención alguna de recuperar el ordenador ni nada más que ella pudiera vender, así que prefirió tranquilizarla de esa manera e intentar disfrutar del almuerzo con ella.
Mientras ambos estaban en la misma ciudad con posibilidad de verse las veces que quisieran, Mauricio jamás había sentido lo que sentía ahora. Si bien la preocupación por su bienestar era normal porque la quería, sentía algo más que le hacía bajar la mirada de vez en cuando al alejarse de ella.
-Eres un sol, pero ya lo sabes ¿verdad?- dijo Lidia.
-Lo sé y "alguien" debería darme un premio por eso, pero desgraciadamente tengo que irme ya.-

Al regresar a la casa, Lidia se encontró con la nevera descompuesta. No tenía dinero para llamar a un técnico, así que tendría que intentar repararla ella misma.
En medio de su preocupación por no saber absolutamente nada sobre el funcionamiento de una nevera, su teléfono comenzó a sonar.
-¿Lola? Mi nombre es Salim, Baako me dio tu número. Estoy en mi día de franco y me gustaría ir a un lugar especial pero no solo. ¿Quisieras venir conmigo?-
-Claro, cariño, ¿dónde quieres que nos veamos?-
-Espérame en la parada de bus que hay a dos cuadras de tu casa en media hora, ¿puedes?-
-Sí, claro, ahí estaré.-
Media hora más tarde el bus abría sus puertas frente a ella, Salim le pedía que suba desde el segundo asiento detrás del conductor y luego se paraba a pagar su pasaje. Lidia dudó un momento, quizás él no podría o no querría pagar tanto dinero después, no aparentaba ser un hombre de la altura de Victor, ni siquiera de la de Baako. Pero tendría que arriesgarse, sea lo que sea que pudiera pagarle, lo necesitaba. En el viaje Lidia se enteró de que Salim alquilaba un departamento en la ciudad y que era bartender y casi dio por sentado que volvería a su casa sin un simoleón.
El destino era un barranco en Windenburg con una gran fogata, eso a Lidia le pareció estupendo y decidió dejarse llevar aunque sea sólo por placer. Después de todo Salim era un hombre joven y atractivo.
-¿Sabes Lola? Me han hablado tan bien de ti que no pude contener mis ganas de conocerte y ahora que te tengo en frente muero por hacerte mía.-
Mientras Lola admiraba el paisaje escuchando las palabras de Salim, él se desnudó y la tomó por sorpresa por detrás. Lidia pasó con el una tarde por demás de candente y sinceramente no le importaba si ganaría algo de dinero o no, aquel hombre tenía una piel tan suave como la suya y su perfume era tan agradable... Por suerte Salim cumplió y también se ocupó de su boleto para el regreso.



Llegando a su casa, plenamente satisfecha con su encuentro con Salim, recordó la descompostura de la nevera.
-Ni hablar, lo haré yo misma, pero antes tomaré un baño-
En el cuarto de baño la esperaba otra sorpresa.
-¡Oh! ¡Vamos! ¿En serio?- exclamó.
Reparó el lavabo antes de bañarse porque era algo más o menos sencillo y luego se durmió en la bañera un largo rato.

Despertó y el agua estaba ya casi fría, así que se apresuró a salir. Luego se ocupó de la limpieza, de reparar con mucha suerte la nevera y por supuesto de masturbarse. No importaba qué tan satisfecha estaba, Lidia necesitaba masturbarse a diario, quizás como rutina más que necesidad o simplemente porque los orgasmos en soledad eran una experiencia diferente y sumamente relajante. Mientras lo hacía pensó en Mauricio y en las ganas que tenía de volver a tenerlo entre sus piernas.
Encendió solo una luz en el pasillo para moverse por la casa, estaba intentando ahorrar por miedo a la siguiente factura y decidió comer algo un poco más elaborado a cambio. Lidia no era buena cocinando, pero aquel plato no salió tan mal después de todo.
Al día siguiente por la tarde Dominic la invitó a la ciudad. Lidia se sintió entusiasmada, adoraba San Myshuno, era su sueño vivir allí y llenar las paredes de su apartamento con sus cuadros. Aún quedaba un largo camino por recorrer para poder cumplirlo, pero al menos hoy disfrutaría de una visita en buena compañía.
Dominic pasó a buscarla con su auto y en el camino hablaron de todo un poco, incluída la familia. Aunque estaba acostumbrada a escuchar a sus amantes decir que amaban a su esposa y a sus hijos, aún no lograba comprender qué los hacía buscarla y por eso le costaba tanto concebir la idea del amor y de estar en pareja.
-He reservado la azotea para nosotros, un amigo es dueño del edificio y me ha hecho ese favor. Te va a encantar.-
Dominic ya no sentía vergüenza con ella, quizás porque esta vez estaba solo, así que Lidia se alegró de poder disfrutarlo plenamente esta vez. Estaba muy bien dotado y eso a Lidia le encantaba porque incluso le provocaba a veces un poco de dolor.
Aquel lugar era espléndido y sus vistas eran maravillosas, pero sin duda Dominic no había tenido ojos más que para las curvas de Lidia.

Al volver a casa su sonrisa se borró cuando encontró con las facturas de esa semana. Había tardado tanto en pagar las otras que no había notado el paso del tiempo. Esta vez acusaban algo más de 2500 simoleones, pero de cualquier manera no tenía el dinero suficiente.
-¡Adiós televisor! ¡Ni pienses que voy a quedarme otra vez sin bañarme!- exclamó allí mismo en la vereda y empeñó el televisor del cuarto rojo para pagar de inmediato.

...continuará





Comentarios

  1. Ay Dios a este paso se quedará sin nada en casa y con deudas... las cuentas no dan... que mas hará? Ya quiero saber :P

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo peor es que todo lo que venda tiene que devolverlo, según las reglas del desafío. Así que cuantas más cosas venda para pagar las cuentas, más se endeuda...

      Eliminar

Publicar un comentario