008 Santos - XVIII: Hacer lo correcto.

La mañana siguiente al gran evento finalmente podrían declarar el toque de queda. Santos despertó esa mañana con sentimientos encontrados, por un lado creía que esto ayudaría mucho a resolver el caso y por el otro no podía dejar de pensar en Caterina. ¿Por qué debía irse justo ahora que él había decidido liberar todo su amor y volver a intentarlo? Hasta había estado pensando en quitarse el anillo para no incomodarla. Se sintió mal al recordar eso.
Al bajar a desayunar encontró una postal nada agradable.
-Ya está bien, Santos, llama al médico. Esto es peor que lo de la otra vez.-
Melina ardía en fiebre y su cuerpo estaba cubierto de manchas.
-Mmm... quizás sea algo que comiste en el festival, de cualquier manera tienes razón, será mejor llamar al médico. Y no vayas al trabajo hoy, haré que te cubran, no te preocupes.-
-Gracias, Santos, me siento horrible de verdad.-
El Doctor Jiménez llegó casi de inmediato.
-Debo ir a dar clases de anatomía al instituto secundario esta mañana, qué suerte que me llamó temprano, aún tengo una hora para eso.- dijo al llegar, luego de las presentaciones formales.
-Entonces temo que nos volveremos a encontrar en unas horas, doctor, porque debo ir a tomar declaraciones a algunos alumnos y profesores hoy por la muerte de Yeniffer Cabral.-
Santos notó al doctor un poco nervioso luego de escucharlo decir eso.
-Espero tenga suerte con esos chicos, a veces no saben ni dónde están parados. No creo que digan nada coherente. Realmente el nivel de inteligencia y responsabilidad de los jóvenes de Windenburg deja mucho que desear.-
Luego de ver a Melina y diagnosticarle una intoxicación por alimentos, le recomendó dieta y reposo y bajó al living con Santos.
-Doctor, ¿quiere tomar un café?, aún no desayuno si quiere acompañarme.- dijo Santos, esperando poder hablar un poco con él para asegurarse de que lo que había notado hacia un momento no estaba en su imaginación.
-La verdad es que ya he desayunado, pero no puedo decir que no ante la oferta de un buen café.-
Santos aprovechó a averiguar un poco sobre él, pero el tiempo pasó rápido y pronto tuvo que despedirse para ir a dar sus clases.
-Muchas gracias por el café, Detective. Lo veo en unas horas en el colegio y si gusta le devuelvo el favor en el comedor al mediodía. Nuestra cocinera es excelente.-
Quizás sí había sido sólo su imaginación.
Antes de ir a la comisaría, Santos pasó nuevamente a ver a Melina que seguía dormida y tocó su frente. Había empezado a transpirar un poco porque la fiebre comenzaba a bajar así que se sintió más tranquilo, pero en cuanto la preocupación por Melina cesó, Caterina volvió a su cabeza. ¿Y si ya no volvía a verla? Intentó contener sus emociones lo más qué pudo, pero al ver su rostro en el espejo antes de salir sintió lástima por sí mismo y no pudo evitar llorar un poco.

Al llegar a la comisaría le pidió a Daniel que se quedara un poco más reemplazando a Melina mientras Javier lo acompañaba al colegio a tomar las declaraciones e investigar.
-¿Llegará más tarde?- preguntó Daniel un poco malhumorado.
-No vendrá hoy, está enferma. Volveremos lo antes posible. También puedes acompañarme tú y que se quede Javier...-
-No, está bien, me quedaré yo. Tomaré otro café.- se apresuró a decir Daniel. Con sueño y de mal humor no quería tratar con Santos, sabía que no le caía bien y no tenía ninguna intención de mejorar la relación con él.

-Pensar que he pasado toda mi infancia y adolescencia corriendo por estos jardines- dijo Javier al llegar -y ahora vengo a enterarme de las impurezas que hay por sus pasillos.-
-Aún no sabemos si es verdad, Javier. Cuando entremos déjame hablar a mí y presta mucha atención a las actitudes de todos los que estén al rededor. Si es verdad que Yeniffer vendía drogas, los compradores no lo afirmarán pero nos lo harán notar. Hay que estar muy atento. Recorre los salones, presta atención a todo.-
-De acuerdo, Detective.-
La escuela secundaria de Windenburg no era un edificio enorme e imponente, pero sí tenía presencia a pesar del estilo tan característico de esa parte de la ciudad. Era un lugar agradable, bien cuidado y una de las tantas instituciones beneficiadas por el festival de la noche anterior.
Al entrar Santos fue recibido por el Doctor Jiménez.
-Han llegado justo para el primer intervalo. ¿Desean hablar con alguien en particular o ver algo específico? Nunca he participado de una investigación, realmente no sé cómo colaborar y la señora Directora no se encuentra en este momento, ha sufrido de una intoxicación por alimentos.- Al parecer Melina no era la única que estaba con problemas por culpa del festival.
-Bastará con ver el casillero de Yeniffer Cabral y hablar con algunos alumnos. Tengo entendido que se rumoreaba que vendía drogas y según la Directora hubo alumnos y profesores investigando sobre eso.- respondió Santos.
-Es cierto, Detective, yo era el encargado de la pseudo-investigación junto con tres alumnos del último año. Si bien no pudimos llegar a tratar directamente con ella, sí pudimos averiguar que era cierto con algunos de sus compradores. Eran alumnos más chicos los que le compraban pero consumían fuera de la escuela, por eso no nos dimos cuenta antes. Este era su casillero.- dijo el Doctor Jiménez señalando el casillero del medio. Santos le hizo señas a Javier para que fuera al comedor en busca de algunos alumnos.
Una adolescente salió del baño en ese momento y el doctor Jimenez la invitó a acercarse.
-Paula, ven, el detective quiere hablar contigo por lo de Yeniffer, dile lo que averiguamos sobre los compradores.-
Santos notó que la chica tenía los ojos un poco irritados y una expresión nerviosa como si tuviera miedo. Mientras hablaba con ella, que respondía a sus preguntas como un robot, otra alumna pasó a su lado y los miró de una forma extraña. Santos confió en que Javier, que estaba ya en el comedor, supiera cómo hablar con ella cuando entrara.
Al presenciar la llegada de Santos al colegio, Carla y Pablo corrieron a encerrarse en el salón de clases.
-Debemos decirlo, Pablo. ¡No podemos seguir soportando esto! Piénsalo, no puede hacernos nada si lo denunciamos y lo llevan a la cárcel. ¡No deberíamos temer a sus amenazas! Hagámoslo ahora, es el momento, se lo llevarán de aquí esposado y ya nunca nos volverá a molestar.-
-¡No quiero hacerlo, Carla! Si digo algo todos sabrán que soy gay, no estoy listo aún.-
-¡Pablo, sólo tú crees que nadie sabe que eres gay! Piénsalo, por favor, esto no está bien. ¡Él no puede hacernos esto! Paula no dirá nada, está aterrada, hagámoslo también por ella.-
En el comedor, Javier habla más tarde con ellos sobre Yeniffer prestando atención a los detalles cómo Santos le había indicado, pero nota que ambos están muy nerviosos y decide arriesgarse.
-Me ocultan algo y debo decirles que eso los vuelve tan culpables como ella. Tarde o temprano sabremos la verdad y todos los culpables pagarán, incluso los que callaron.-
Se sintió un poco tenso al imponer su autoridad pero a la vez orgulloso. Por fin estaba aplicando lo aprendido en la escuela de policías.
-Dícelo, Pablo, piensa en Paula.- dijo Carla. Pablo suspiró, tomó una bocanada de aire cargada de coraje y finalmente le contó a Javier cómo el Doctor Jiménez lo había tocado en el salón de clases varias veces cuando lo hacía quedarse en los intervalos con excusas y sobre los abusos que sufrían sus compañeras, incluso sobre aquella vez que las obligó a besarse mientras las observaba para luego masturbarse frente a él en los baños.

Javier sintió una presión horrenda en el pecho al escuchar los relatos de Pablo y Carla sobre cómo el profesor Jimenez abusaba de ellos dentro del colegio. Deseó en ese momento golpearlo de la forma más dura y olvidó por completo a Yeniffer. Esto era peor, mucho peor.
-Chicos, no me gusta nada lo que me cuentan y tengo ganas de salir corriendo a arrestar al profesor Jiménez, pero desgraciadamente la ley no funciona así. Escuchen, no diré nada hasta que nos vayamos, hablaré con el detective y prométanme que pasaran esta tarde a hacer la denuncia por escrito como corresponde. Sólo así podremos hacer algo. ¿Me lo prometen?-
Pablo y Carla asintieron aliviados, haber podido al fin contarlo los hacía sentir esperanzados.
-Oficial, él nos amenaza, tenemos mucho miedo...- dijo Pablo.
-No se preocupen, una vez que la denuncia esté hecha no puede pasarles nada porque sabremos que él será el culpable y su pena será peor. No puede hacerles daño, ese miedo es una ilusión. Haremos todo lo que esté a nuestro alcance para que estén seguros.-
Mientras tanto, Santos abría el casillero de Yeniffer para efectivamente encontrar pequeños envoltorios que contenían distintas sustancias, desde pastillas hasta un polvo blanco que durmió su lengua dando por segura su identificación. Las sospechas sobre Yeniffer eran ciertas y así entraba en el patrón de los asesinatos.

Al regresar Santos y Javier a la comisaría, Daniel finalmente pudo retirarse. Pensaba irse directamente a dormir pero recordó que Melina estaría sola en su casa y decidió hacer un intento más por conquistarla. Quizás pudiera ayudarla con algo, ya que estaba enferma.
Melina había despertado bañada en sudor y se sentía mejor, así que decidió darse un baño e intentar comer algo muy liviano. Cuando se disponía a volver a la cama vio a Daniel golpeando la puerta.
-¿Qué haces aquí, Daniel? ¿Santos te pidió que vinieras?- preguntó Melina.
-He venido por mi cuenta para ver si necesitas algo. Santos no debería haberte dejado sola.-
-Estoy bien, aunque ya iba a volver a la cama, estoy un poco débil.-
-Bueno, si me dejas te acompaño hasta que te duermas y hablamos un poco.-
-De acuerdo, pero no intentes conquistarme.- respondió Melina riendo un poco.
-¿Sabes? Así como estás, afiebrada y con la mirada a media asta, creo que te veo aún más bonita.-
-Daniel...-
-Lo siento, Melina, no puedo contenerme contigo. Ya no aguanto las ganas de besarte...-
Daniel tomó a Melina de la cintura y a pesar de que ella se resistió un poco, finalmente se dejó llevar. Luego él la desnudó por completo y ella comenzó a temblar, quizás por nervios o porque la fiebre estaba volviendo.
-Eres preciosa...- dijo Daniel, mientras Melina intentaba ocultar su desnudez un poco tímida.
-Y tú muy insistente.- respondió ella y se entregó a él, quizás más por despecho y debilidad que por deseo.





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