008 Santos - XVII: Solo un día más

-Recuerden estar atentos a todos los puntos de entrada y salida del predio. Es poco probable que el asesino intente hacer algo frente a nosotros, pero no nos vendrá mal observar a la gente.- dijo Santos.
La tarde previa al festival recorrieron el lugar para hacer un reconocimiento y planificar su comportamiento por la noche. Santos estaba intranquilo, porque mientras ellos estuvieran allí rodeados de turistas, los lugareños correrían peligro. Pero no había forma de estar en todos lados al mismo tiempo, en la fiesta o en la comisaría la probabilidad de que ocurriera otro crimen era la misma.
-Detective, sé que lo correcto sería suspender el festival y alertar a la comunidad, pero la gente ha trabajado todo el año para esto...- respondió Javier apesadumbrado.
-Lo comprendo, oficial. Solo esperemos tener suerte para no sentirnos culpables si algo sucede esta noche.-
-Mira, Javier, Nadia está aquí- dijo Melina de pronto.
-Es que le pedí que viniera, pensé que como ella trabaja en el hotel podría ayudarnos a distinguir gente que esté hospedada aquí de turistas ocasionales.- dijo Javier.
-Bien pensado, oficial.- agregó Santos, dándole una suave palmada en el hombro. Javier miró a Melina asombrado por la espontaneidad de Santos, él no lo conocía así. Lo cierto es que el detective Herrera era un hombre normal y con sentimientos como todos, solo que prefería no mostrarse demasiado amistoso con cualquiera. Melina sonrió y le hizo un guiño a Javier, la actitud de Santos indicaba aprobación y no era fácil entrar a su circulo de confianza.
Javier fue al encuentro de Nadia y la abrazó con fuerza. Llevaban varios días sin verse debido al trabajo. Con el festival en puerta el dueño del hotel había decidido reabrirlo durante esa semana y Nadia había tenido que repartirse entre sus clases de fotografía, las prácticas en el estudio y la recepción. También Javier estaba pasando más tiempo en la comisaría últimamente.

-Qué bueno que te han dado el día libre, mi amor.-
-Pues, la verdad es que tuve que decirle a los dueños lo que estaba sucediendo para que me dejaran venir y bastante asustados se han quedado.-
-No te preocupes, cariño, mañana mismo dispondremos un toque de queda y todos estaremos más seguros. Recuerda siempre llevar tu teléfono móvil contigo y no dejes de avisarme cuando vayas de un lado a otro. Por cierto, ayer tardaste demasiado en responder y me preocupé.-
-Lo siento, es que algo sucedió y...- Nadia comenzó a temblar y sus ojos se humedecieron.
-¿Qué sucede, cariño?-
-Javier... es que... no sé cómo decírtelo. Llevamos poco tiempo juntos y...-
-Nai, cielo, me asustas... no vas a dejarme, ¿verdad?-
-¡Claro que no! Mucho menos ahora... es que... Javier, estoy embarazada-
Javier podría haber reaccionado de mil formas. Amaba a Nadia desde hacía mucho tiempo y estaba cumpliendo un sueño al tenerla a su lado, pero en lo primero que pensó al enterarse de que sería padre fue en su casa compartida con su hermano, su bajo sueldo y un casamiento prematuro sin muchas pompas. No era lo que quería para los dos.
-Demonios, no quiero ser padre aún.- soltó sin pensar y la reacción de Nadia no se hizo esperar.
-¿Crees que puedes elegir? Lamento comunicarte que vas a serlo, te guste o no. Maldita sea, Javier, tenía miedo de decírtelo porque sabía que reaccionarías así. Has tardado años en invitarme a salir y no me sorprendería que quisieras esperar a tener 50 para formar una familia...-
-Cálmate, cariño, no quise decir eso...-
-No quisiste pero lo has dicho. ¿Cómo me olvido yo de eso ahora?-
-Perdóname Nai, escucha, es cierto que no esperaba que esto sucediera pero sabes que te amo. Mira, tengo miedo de no hacerlo bien, es normal, no tengo mucho dinero... oh, cielos...-
-Mira Javier, no eres el único involucrado aquí. Apenas estoy empezando con mi carrera y temo que esto me impedirá muchas cosas. Pero no lo has notado ¿verdad?-
-Nai, amor, tienes razón, perdóname. Escucha, me has tomado por sorpresa pero sabes que te amo- dijo Javier al borde del llanto, intentando abrazarla.
-No juegues conmigo, Javier, esto no es cualquier cosa...-
-Lo sé, cariño, perdona. Solo tengo tanto miedo como tú.-
Santos se alejó un poco para conocer el lugar. Junto al muelle había una parada de buses con vistas a una gran fuente. El agua era algo típico en Windenburg y podía encontrarse en todas sus formas, fuentes, ríos, mar. A pesar de ser una ciudad tétrica por la noche, el murmullo del agua siempre traía un poco de vida a su inmenso silencio solitario. Allí sentado frente a las azules aguas del mar recordó a Soledad y sus ojos cristalinos, tan cristalinos como los de Caterina. Quizás por eso le gustaba tanto, porque se parecían un poco, sobre todo en la forma de mirarlo, siempre con ternura y complicidad. Santos había estado viendo a Caterina en secreto porque temía salir lastimado y en tal caso prefería llevar su cruz en silencio en lugar de estar rodeado de la condescendencia de Melina y los demás. Recordó momentos vividos con ella y notó que el pulso se le aceleraba. Caterina se había colado hasta en sus huesos y ya no podía negar sus sentimientos hacia ella.
Mientras tanto, Daniel vio el momento oportuno para acercarse a Melina. No iba a parar hasta poder conquistarla y con Ariel entre rejas debía aprovechar cada instante que pudiera.
-¿Puedo sentarme contigo? El detective no tiene cara de querer compañía y no quiero ser un mal tercio para mi hermano.-
-Pues, la verdad es que buscaba estar sola un momento, ¿crees que podría?-
-Sí podrías, pero eso me pondría muy triste. Al menos déjame mostrarte un mejor lugar para estar sola y prometo no abrir la boca. ¿Quieres?-
Melina sonrió.
-De acuerdo, muéstrame.-
Daniel la acompañó al borde del muelle, señaló el horizonte y le dijo:
-Estate atenta, en un momento el sol comenzará a caer y será un espectáculo maravilloso. En la ciudad no pueden verse cosas tan bonitas como esta... por eso me resulta tan raro que tu hayas nacido allí.-
Melina no pudo más que sonrojarse y devolverle a Daniel una sonrisa tímida. Tragó saliva para evitar decir algo de lo que podría arrepentirse, pero igual no pudo contenerse. Nunca lograba pensar en silencio.
-Quizás debería haber ido a almorzar contigo aquella vez-

Al caer el sol empezaron a llegar los puesteros al festival que comenzaría en unas horas. Santos y Melina fueron a cambiarse mientras Javier y Daniel quedaban a cargo de la vigilancia.

Durante el festival nada raro sucedió. Nadia reconoció a cada uno de los turistas y dijo que ninguno se había hospedado nunca antes en el hotel hasta ese día. Los lugareños que concurrieron eran conocidos ya y el ambiente de fiesta le hizo bien a todo el mundo. Por un momento, Santos y su gente hasta olvidaron el caso para relajarse un poco.

Entre la gente, en el momento cúspide de la fiesta, Santos vio a Caterina observándolo. Ella le sonrió y se alejó hacia el muelle. Santos decidió seguirla.
-Creí que no vendrías, siempre dices que no te gustan las multitudes.-
-No me gustan, pero sabía que te vería aquí y necesito hablar contigo.-
Santos miró a su alrededor y al constatar que nadie los estuviera viendo le dijo:
-¿Qué tal si me besas primero?-
Aquel beso fue diferente para él y ella no pudo no haberlo notado. Esa tarde Santos había decidido entregarle su corazón herido a Caterina, aún a riesgo de salir de allí más lastimado.
-Santos... me apena tanto tener que decirte esto... debo irme de viaje urgente por motivo de una herencia y no sé cuándo volveré. Soy la única heredera de la familia y me temo que tendré que quedarme en Forgotten Hollow un buen tiempo hasta poder organizar todos los papeles. Créeme que no me emociona para nada ir a ese lugar tan sombrío, pretendo vender la mansión con todo y tumbas de mi bisabuela y su extraño marido.-
-Vaya... no esperaba esto, pero no quedará más que aceptarlo, ¿verdad?. Al menos puedes agradecer no tener 100% sangre vampírica, eres un caso raro la verdad.- respondió Santos. Su rostro había cambiado, no quería que Caterina se fuera justo ahora que estaba dispuesto a dejar salir todo su amor.
Caterina no dijo nada más, solo se acercó a él y lo besó como si no fuera a volver a verlo jamás. El respondió de la misma manera, sin importarle ya si alguien los estaba viendo.
Cuando los fuegos artificiales iluminaron el cielo estrellado, dejaron ver en los ojos de Santos el brillo húmedo de la tristeza.


...continuará


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