"Todo por mi sueño" - 5: Oportunidades

-Li, ya me voy. No sé si pueda venir en la semana, pero me llamas si me necesitas, ¿si?- dijo Mauricio despertando a Lidia que había vuelvo a dormirse en el sillón mientras Mauricio se vestía. Esa noche sí había logrado dormir bastante más profundo, pero aún necesitaba más.
-De acuerdo, pero no te preocupes, me las arreglaré.- respondió Lidia con los ojos apenas abiertos.
Era domingo y Mauricio debía viajar, luego de su reunión, a Willow Creek a visitar a sus tíos. Desde que sus padres habían tenido el accidente su tía se había aferrado a él como si fuese lo último que le quedaba de su hermana. Ya era una mujer mayor y le gustaba consentirla.
Lidia volvió a la cama un rato más cuando Mauricio se fue, de todas maneras no habría mucho que hacer un domingo.
Cuando finalmente despertó sintiendo que había dormido lo suficiente, fue directo a la heladera y se devoró los restos de la cena de la noche anterior. Tendría que gastar algo de dinero en comida, no podría sobrevivir a cereales y zumo. Luego tomó un baño y decidió no vestirse, al fin y al cabo no hacía fata esconderse si estaba completamente sola. Al encender la televisión se encontró con el canal XXX a todo volumen, rió un poco y lo bajó, pero se quedó viéndolo. Y como era de esperar aprovechó el momento y la libertad de su soledad para darse un poco de placer allí mismo. Era raro, pero cuando estaba sola se excitaba aún más. A veces sentía que su psicólogo estaba en lo cierto con respecto a su adicción.


El resto de la tarde se dedicó a investigar a través de internet sobre los lugares de Newcrest que podrían interesarle, desde locales de ropa hasta discotecas y vio que muy cerca de su casa había un pequeño bar bailable. Quizás salir un poco y conocer más gente le vendría bien si pretendía conseguir un trabajo en la ciudad.

El bar no tenía nombre, simplemente era un galpón vacío con una escalera hacia el sótano, donde había una gran barra y una pista. Era un lugar agradable después de todo, pero no dejaba de sentirse como un antro donde los casados se olvidaban que lo eran. Para Lidia era perfecto, no hacía falta coquetear demasiado cuando se era presa en lugar de cazador.
Con solo entrar logró que todas las miradas se depositaran en ella, no solo porque era naturalmente bella, sino porque emanaba fuego. Hasta las mujeres volteaban a verla si la cruzaban en la calle. Su cadencia al caminar, sus gestos, sus miradas penetrantes, toda Lidia era avasallante y abrasadora.
Se acercó a la barra dispuesta a gastar unos pocos simoleones para hacer que esa noche valga un poco más y comenzó a hablar con los hombres sentados a su lado de forma casual.
 -¿Nos conocimos ayer, lo recuerdas?- dijo Esteban - ¿Lidia, verdad?-
-Oh, si, ¡ya te recuerdo! Es que ayer hablé con mucha gente y no retuve el nombre ni el rostro de nadie. Llevo solo dos días aquí pero ya me estoy sintiendo un poco sola, por eso he decidido salir un poco.-
-¿Sola? Eres joven para ser independiente, ¿o acaso aparentas menos edad de la que tienes?- preguntó Alberto.
-Tengo 18 y en realidad aparento tener más. De hecho siento que soy mucho más adulta que otras chicas de mi edad. O quizás sea mejor usar el término "más experimentada"- dijo Lidia mientras le lanzaba una de sus fulminantes miradas sensuales a Alberto. Él también era un hombre experimentado así que en seguida captó el mensaje, al igual que Esteban, que decidió dejarle el camino libre a su colega.
Un hora después el bar comenzaba a cerrar, el lunes era día laborable y el horario de cierre era apenas pasadas las dos. Lidia no estaba dispuesta a volver a casa sola, no después de haber abusado del canal XXX esa tarde, así que fue directa con Alberto.
-Si quieres podemos seguir nuestra conversación un rato más, no vivo muy lejos- le dijo al oído.
 -¿Quieres beber algo más o prefieres volver a casa temprano?- preguntó Lidia al llegar.
-He bebido demasiado por hoy- respondió Alberto.
-Entonces déjame apresurar un poco el trámite- dijo Lidia en un tono más salvaje. Se acercó a Alberto decidida, le quitó la ropa, se arrodilló y comenzó a practicarle sexo oral. Luego se desvistió por completo y se dejó poseer por aquel hombre desconocido y tan bien dotado.
Al terminar fue al baño a higienizarse un poco y cuando regresó Alberto ya se había vestido y la esperaba con un billete de 500 simoleones en la mano.
-¿Está bien así o tu precio es otro, cariño?- le preguntó inocentemente. Lidia se quedó inmóvil sin saber qué responder, no sabía si sentirse ofendida o aprovechar la oportunidad de conseguir un poco de dinero, pero al recordar que al día siguiente sólo habría cereales y leche para el almuerzo decidió meterse su dignidad en el bolsillo por un momento.
-Está bien así por ahora. ¿Te guardas mi número?-

Comentarios

Publicar un comentario