008 Santos - XIII: Punto de quiebre.

El hallazgo de una cámara de fotos junto a cuerpo de Antonio Molinares había puesto las esperanzas casi a tope en la comisaría de Windenburg, aunque también sabían que el asesino no era tonto y era poco probable que dejara pasar un detalle tan grande como ese. De cualquier manera esperaban con ansias tener las fotos reveladas para esa misma tarde.
Pasado el mediodía Ariel se presenta con los resultados de la autopsia. Efectivamente el informe era idéntico a los demás.
-Debemos investigar sobre la vida de este hombre y asegurarnos de que el motivo sigue siendo el mismo. Si está limpio perdemos el patrón- dijo Santos preocupado.
-Pues yo no sé nada- se apresuró a decir Ariel.
A Santos le parecía muy extraña la actitud de Ariel con respecto a la muerte de Antonio, desde que decidiera modificar la escena del crimen antes de su llegada hasta que no conozca en lo más mínimo al hombre que trabajaba con él y vivía en su casa. Lo único que lo aferraba a la idea de que Ariel no había matado a Antonio era que había visto el cuerpo sobre la camilla y las heridas se correspondían con las del resto de las víctimas. Sólo existía una posibilidad más: que Ariel los haya matado a todos.
-Melina, ¿has contactado a la familia?- preguntó Santos mientras se dirigía a la máquina de café. Se debatía entre arrestar a Ariel y hacerlo vigilar por Javier un tiempo para asegurarse.
-He llamado a Newcrest y dijeron que no estuvieron ahí ni avisaron que irían. Quizás sea mejor esperar hasta la noche por si regresan de dónde quiera que estén.- respondió Melina.
-Ariel, me resulta imposible creer que no tengas ni siquiera el número de teléfono de alguno de ellos- increpó Santos -Al menos tienes una copia de la llave de su casa, ¿cierto?-
-Si, eso sí lo tengo, es mi casa. Pero no sé si se pueda entrar sin una orden...- aún se lo veía nervioso y eso hacía que Santos sospeche cada vez más.
-La orden la daré yo esta misma noche si nadie responde a la puerta. Ariel, perdona, pero voy a tener que pedirte que te quedes el resto del día aquí, en una celda.-
-¡¿Qué dices, Santos?!- exclamó Melina. A pesar de ser una mujer inteligente y perspicaz, su juicio se nublaba por sus sentimientos hacia Ariel y no lograba ver ahora lo mismo que Santos veía.
-P...p... pero por qué? ¿Acaso estoy en peligro?- preguntó Ariel sin entender lo que estaba sucediendo.
-Mira, no sé qué a podido suceder en la morgue esta mañana, pero sí sé que estabas ahí cuando llegué y que habías borrado todo rastro de lo sucedido. Descuida, si sólo fueron tus nervios jugándote una mala pasada, saldrás de aquí en unas horas. Confío en que si realmente eres inocente colaborarás conmigo.-
Ariel empalideció de golpe. Sentía el impulso de contar todo lo acontecido la noche anterior pero no sabía si eso lo ayudaría en algo, además le avergonzaba que Melina lo supiera.
-De acuerdo, Santos. Me quedaré.-
El teléfono de Santos había estado muy activo en las últimas semanas. Melina se sentía intrigada pero aún no se animaba a preguntar. Esa misma tarde, después de haber encarcelado a Ariel, Santos salió sin notificar a dónde.
-Melina, avisame cuando las fotos estén sobre el escritorio. Saldré un momento.-
-Santos, ¿puedo saber a dónde vas?-
-No, no puedes.- respondió Santos con una pícara sonrisa en los labios.
Caterina vivía en la costa, no muy lejos de las ruinas donde había aparecido el cadáver de Rodriguez. Su casa era antigua pero tenía un gran encanto, sus enredaderas y sus grietas le daban la belleza justa que tiene todo aquello que conserva historia. Santos jamás había entrado hasta ahora, siempre se encontraban en lugares neutrales al aire libre, pero esta vez la cita era allí. Al llegar la vio esperándolo en la playa.
-Solo puedo quedarme un momento.- le dijo mientras se acercaba.
-Será suficiente. Los momentos contigo cuentan doble. He preparado café.-
El interior era aún más encantador, pero no tanto como la sonrisa de esa mujer que lo cautivaba a la vez que le causaba un gran temor. No sabía si estaba listo para dejar ir el recuerdo de su amada Soledad, pero tampoco estaba dispuesto a rechazar todo lo bueno que Caterina le hacía sentir.
-¿Sabes, Santos? Espero no te incomode lo que voy a decirte, pero todo lo que he sentido por Fernando parece pequeño comparado con lo que me pasa cuando estoy contigo.- dijo ella ruborizada, mirando fijamente su café. Santos sintió en ese momento que su rostro y sus manos se incendiaban.
Luego ella se levantó, le tomó la mano y lo guió por un pasillo hacia su dormitorio. Entre dudas y deseos, Santos se dejó llevar.
La llamada de Melina llegó cuando estaba a punto de entrar a la comisaría.
Al momento de abrir el sobre con las fotos, Melina miró fijamente a Santos y sonrió entusiasmada, pero su rostro cambió cuando vieron el contenido. Las huellas de la cámara pertenecían sólo a Antonio y entre las fotos había imágenes tan grotescas como desagradables de partes íntimas de cadáveres siendo manoseadas y rozadas con un miembro viril erecto. Melina no pudo contenerse y corrió al cuarto de baño a vomitar. Santos no podía creer lo que estaba viendo y sintió por primera vez quebrarse su concepto de justicia.
-¡Voy a preguntarle a ese bastardo ahora mismo si formó parte de este juego enfermo, Santos!- dijo Melina mientras caminaba rápido hacia el pasillo de celdas. Estaba enfurecida, dolida, asqueada y avergonzada.
Santos la siguió y llevó consigo las fotos.
Al entrar a la celda Santos le mostró las fotos a Ariel y  le exigió una explicación mientras Melina trataba de contener sus lágrimas de impotencia y asco.
Ariel comenzó a temblar como nunca al ver esas terribles imágenes y sólo atinó a llorar desconsoladamente sin emitir palabra alguna. Santos insistió.
-¡Explícame esto, maldita sea! ¿Tienes algo que ver? ¿Este eres tú? ¡Contesta!-
-¡No!¡No soy yo! ¡Por Dios, Santos, anoche me acosté con él! ¡Me acosté con él, maldición!- gritó Ariel en medio del llanto.

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