008 Santos - XII: Provocación.

Santos tenía por costumbre despertar antes de la salida del sol, no por madrugador sino para de vez en cuando, algún fin de semana, quedarse en la cama hasta muy tarde y sentir que el mundo se daba vuelta. Una hora o dos no hacían la diferencia, pero entre levantarse a las 5 y levantarse a las 12 había un mar de sensaciones. Así de sensible y sencillo era.
Esa mañana traía algo distinto, aroma a río, nuevas canciones entre los árboles y un persistente dejo de chocolate y café en la planta baja. Su descanso había sido tan placentero que hasta despertó sonriendo y decidió no vestirse hasta más tarde.
Bajó a desayunar y mientras veía amanecer por la ventana tomó la decisión de salir a correr un poco. Tenía abandonada esa costumbre desde que habían llegado y era un buen momento para retomarla y conocer un poco el lugar.
Melina despertó una hora después con un humor un tanto raro. Su primer pensamiento fue de seguridad y determinación, como si alguien le hubiese inyectado amor propio en las venas durante la noche. Resopló con la mirada fija en su guardarropa, se miró al espejo y por primera vez en mucho tiempo se vio realmente bonita. Hurgó entre sus prendas en busca de algo que reflejara su humor en ese momento, desempolvó sus cepillos y peines y se vistió y desvistió tantas veces como hizo falta para encontrar la apariencia que buscaba. Finalmente se sintió satisfecha y bajó en busca del café que necesitaba como al aire.
Santos llegó justo en el momento en que Melina entraba a la cocina.
-¿Quién es usted? ¿Qué ha hecho con mi asistente?- bromeó.
-Su asistente acaba de renunciar, me mandan de la agencia como reemplazo. Si no está satisfecho puede llamar y quejarse- continuó ella alegremente.
-¿A qué se debe el cambio? ¿Tienes algo que hacer esta mañana?-
-Nada más que ir al trabajo contigo, Santos. Sólo quiero renovarme un poco y verme bien. ¿No te gusta?-
-¿Bromeas? Eres preciosa en harapos. Me preocupa que ahora también Javier y todos los vecinos quieran salir contigo, sólo eso.-
-Santos, debes dejar de cuidarme como si fuese tu hija. Se siente raro.-
-Lo siento, es sólo que sé lo que vales y conozco a los hombres. No me gusta verte triste, Melina.-
-Y a mi no me gusta verte solo... perdona que lo diga.-
Santos apartó la mirada y se puso serio, pero al instante esbozó una sonrisa y cambió de tema para disimular.
 Dispuestos ya a salir hacia la comisaría, Santos recibe una llamada telefónica de Ariel. Sonaba confundido y muy nervioso. Santos debía ir con urgencia a la morgue. Era lógico que tanta paz no durara demasiado, por un momento Melina y Santos habían logrado olvidar dónde estaban y quiénes eran, pero ese momento había terminado.
Ariel los esperaba afuera. Caminaba de un lado a otro con un cigarrillo en la mano.
-¿Fumas?- preguntó Santos al llegar.
-No. Los encontré en un cajón. Saben horrible pero no puedo dejar de temblar. Santos, esta mañana he encontrado muerto a Antonio en el suelo.-
-¿Qué dices, Ariel?- exclamó Melina. De pronto todo su conflicto se había esfumado frente a los acontecimientos.
-Apuñalado como todos los demás. Estoy muerto de miedo, ¡pude haber sido yo!-
-Cálmate, Ariel, sabes que no lo hace sin motivo. ¿Tendría motivos para matarte?-
-Pues... no que yo sepa, pero estuvo aquí. ¿Y si lo buscaba a él pero me encontraba a mí y creía que era él?-
Ariel no paraba de temblar y de hacer conjeturas. Dijo haber levantado el cuerpo y fregado el piso, porque no podía trabajar con ese enorme charco de sangre a su lado, pero aseguraba las mismas heridas que las demás víctimas. También dijo haber encontrado en el suelo algo que no era suyo.
-¿Conocías bien a este hombre, Ariel?- preguntó Santos.
-No del todo. Últimamente habíamos hecho buenas migas, incluso anoche salimos a beber algo, pero la verdad es que no sé por qué motivo el asesino lo elegiría. Hasta donde sé nunca tuvo ni siquiera una pareja y no tiene perfil de haber maltratado a nadie.-
-Muéstrame lo que encontraste.-
Junto a una de las camillas había una cámara de fotos. Ariel no había querido tocarla por si tenía huellas del asesino. Santos y Melina se miraron entusiasmados ante la posibilidad, aunque remota, de que alguien haya captado una foto del hombre al que buscaban.
-Analizaremos las huellas y revelaremos las fotos. Este es un gran hallazgo, aunque no cantemos victoria aún para no desilusionarnos. ¿Has analizado el cuerpo ya?-
-Aún no en profundidad. Solo vi las heridas de modo superficial y se corresponden. Mismas puñaladas, Santos.-
-¿Has notificado a la familia, Ariel?- preguntó Melina.
-He golpeado la puerta pero no han respondido. Quizás hayan viajado a Newcrest a ver a sus familiares. Antonio me comentó una vez que suelen hacerlo seguido.-
-Bien, tocará intentar ubicarlos. ¿Quieres que me encargue de eso, Santos?-
-Hazlo, sí y también pásame uno de esos recipiente herméticos y unos guantes para llevarme esta bendita cámara-
Cuando terminaron de aclarar todo lo sucedido, Santos y Melina siguieron su rumbo hacia la comisaría, mientras que Ariel comenzaba el análisis en detalle del cuerpo de Antonio.
Al quitarle la ropa se estremeció recordando cómo la noche anterior lo había hecho con otras intenciones.




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