008 Santos - X: Contacto.

-¿Puedes creer hermano? Después de todo lo que he dudado en acercarme a ella, finalmente lo he logrado...-
-¿Pero qué dices? ¡Si ha sido ella la que dio el primer paso!-
-No sea tan duro con su hermano, Teniente, deje que guarde el recuerdo como más le plazca, que sólo eso nos quedará en algún momento.-
Santos no podía evitar sentir una mezcla de sana envidia con tristeza al escuchar a Javier relatar su salida con Nadia. Exactamente veinte años atrás, una tarde otoñal que pronto se volvería noche, le regalaba junto con la aparición de la primer estrella a la que sería el amor de su vida: Soledad.
Santos no era el típico hombre que olvida aniversarios, siempre tuvo la enorme capacidad de retener información y no se olvidaba de nada. Cada año él y Soledad pasaban la tarde junto al río y esperaban la aparición de aquella estrella para desearse un feliz aniversario, hasta que la muerte la sorprendió un día distraída en la calle y le arrebató su luz de un estúpido golpe en la cabeza. Santos seguía culpándose por no haber ido él a comprar sus cigarrillos aquella tarde y por supuesto había dejado de fumar en ese mismo instante.
Santos decidió entonces ir en busca de café para continuar con la investigación y así escapar de ese bucle de sentimientos de culpa y pena que lo poseían, cuando vio alejarse al cartero por la ventana. Era la primera vez que recibían correspondencia desde que habían llegado a Windenburg.
Había en el buzón un extraño sobre que llevaba su nombre, entre folletos de propaganda y facturas a punto de vencer. Cuando lo abrió y leyó el mensaje que traía, sintió que el pecho se le llenaba de aire, sus mejillas tomaban temperatura y su corazón se aceleraba: "No se meta y no intente detenerme".
Melina llegaba tarde esa mañana y lo encontró allí, inmóvil, sosteniendo un papel entre sus manos y viendo un punto alejado del horizonte.
-Santos, perdona la tardanza, no he tenido una buena noche. ¿Qué haces ahí parado? ¿Llegó algún documento importante?- preguntó intrigada.
Santos extendió su brazo mostrándole el contenido del sobre y exclamó: -El bastardo cree que puede darme órdenes-

-Detective, no quiero irme a casa, ya le dije que merezco estar encerrado por lo que le hice a mi madre-
-Mira, Rafael, te callas o te callo, que no estamos para perder el tiempo. Ve a pedirle disculpas a tu madre de una vez. Pasaré a verlos esta noche, dile que prepare algo rico para cenar- ordenó Daniel.
-Chico, la comisaría no es un hotel. Íbamos a dejarte ahí unos días para que entiendas lo que es estar en la cárcel pero ciertamente nos lo pensamos mejor y ante los recientes acontecimientos hemos decidido liberarte. De todas maneras eres menor de edad y saldrías en una semana máximo si realmente fueras el culpable.- culminó Santos.
Rafael se fue refunfuñando por lo bajo, mientras hacía un gran esfuerzo por no llorar.
Al llegar a su casa su madre lo esperaba junto a la puerta, alertada de su regreso por Daniel.
-Lo siento, mamá. Es que no logro entender cómo le perdonas abandonarte y no tolero la idea de que vayas a tener un hijo suyo. Simplemente no puedo.-
-Pues acostúmbrate hijo, porque así son las cosas. ¿Crees que no me duele? Claro que hubiese deseado que las cosas fueran diferentes, pero no se pudo. Ahora somos tu, yo y este angelito que no tiene nada de culpa. Ve a cambiarte y vemos una película juntos, ¿sí? Te prepararé algo de comer mientras tanto.-
Viviana pensó que lo mejor sería hornear unos colines para su hijo. El aroma le recordaba mucho a su abuela y le resultaba tranquilizador. Al terminar fue hacia el living para organizarlo todo y esperó, pero Rafael no aparecía. Pensó que se había quedado dormido y fue a buscarlo a su dormitorio, pero lo que encontró fue lo peor que una madre puede ver.

-¡Hijo! ¡Pero qué has hecho! ¿Por qué? ¡No lo entiendo! - gritó Viviana desconcertada y dolida y corrió a llamar a Daniel.
Cuando Daniel llegó no podía creer lo que veía. Hacía una media hora había estado hablando con él y ahora se encontraba con esto.
-Daniel, no entiendo por qué lo hizo, esto no puede haberle afectado tanto, ¿qué es lo que he hecho? ¡Oh, por Dios! ¡Hijo mío perdóname!-
-Viviana, esto no es tu culpa. Rafael siempre ha sido un chico inseguro y pesimista. El único error que cometimos fue descartar que fuese capaz de volver a intentar hacer esto algún día.- dijo Daniel mientras la abrazaba. Juntos lloraron todo lo que hizo falta antes de llamar a Ariel y Santos para notificar lo sucedido y retirar el cuerpo.

-No te quedes sola, Vivi, ven a casa con nosotros un tiempo, te cuidaremos.-
-Estaré bien, Daniel, no te preocupes. Mañana llamaré a mi madre y quizás me vaya a pasar una temporada  con ella en Willow Creek. Por muy horrible que esto suene, en el fondo sabía que algún día me encontraría con esto. -
-De acuerdo, pero entonces esta noche yo dormiré aquí contigo.-
Ambos sabían que Rafael no era un adolescente feliz, como la gran mayoría. Pero Rafael tenía un modo especial de adolecer que se inclinaba a la depresión y al suicidio. Sus dos intentos anteriores habían sido fallidos y bastante tontos, por eso su madre pensó que solo eran llamados de atención, pero esta vez...

Más tarde, en la comisaría, Melina y Santos almorzaban de forma tardía en el horario de la merienda. Todo este asunto de Rafael los había descarrilado y la llegada del anónimo no pudo ser más inoportuna. Daniel pidió permiso para tomarse la tarde y hacerle compañía a su amiga, mientras que Javier parecía tener más energía que nunca desentonando con el ambiente.
-¿Y a tí qué te pasa?- le pregunta Santos a Melina. Había estado muy callada durante el día.
-Tuve una mala noche- respondió luego de unos segundos de silencio.
-¿Debo recordarte que soy detective y sé cuándo mientes? ¿Me cuentas o lo averiguo?-
-Bueno, no es del todo mentira, tuve una mala noche. Lo que preferiría no contarte es el porqué, pero sé que lo averiguarás de todos modos...-
-Suéltalo ya-
-Es que ayer fui a dar un paseo con Ariel y al parecer confundí las cosas. Estoy avergonzada, Santos...-
-Bueno, mujer, cuando las cosas no son claras es lógico confundirse, no tienes por qué avergonzarte. ¿Creíste que iba a declararse y no lo hizo?-
-No dejé que lo intentara, me abalancé sobre él e intenté besarlo y me rechazó. ¿No es vergonzoso ahora?-
-Melina, sé que eres una mujer con carácter y quizás a mi no me sorprendería que lo hagas. Pero Ariel apenas te conoce y tú a él. Quizás deberías haber esperado un poco.-
-Lo sé. Es que este lugar me pone tensa y me ilusioné demasiado con tener algo que me ayude a sobrellevar mi estadía aquí. Lo peor de todo es que luego de eso decidí irme sin darle explicaciones, ¿acaso soy una adolescente?-

-Tranquila, mujer, verás como luego hablan y todo se arregla. ¿Sabes qué más puede alegrarte? Algo que estamos posponiendo demasiado. Busquemos una casa para los dos y dejemos a las Culoprietos del hotel que hablen de lo que quieran pero lejos. ¿Te sentirías más cómoda en el lado turístico o nos vamos a un lugar alejado?-
-La verdad es que extraño mucho el bullicio y los colores de San Myshuno. ¿Qué le pasa a esta ciudad con los colores? ¿Por qué todo es tan gris?-
-No lo sé, Melina, a mi la verdad es que no me desagrada. Mañana a primera hora saldré a buscar lugares disponibles, mientras tanto ¿qué tal si analizamos el caso?. Nos han dejado en el buzón la prueba de que todas las muertes definitivamente están conectadas y tenemos un patrón aparente. He estado pensando en pedirle a Daniel que confeccione una lista de hombres con problemas familiares basado en su alto conocimiento en habladurías, Ariel y Javier pueden ayudarle y contactaremos con Cintia para que no informe de posibles víctimas de maltrato en el hospital. Con esa lista podremos estar atentos a sus movimientos sin alertar del todo a la población-
-Es una buena idea, Santos. Si alertamos a todos el asesino no podrá moverse y quizás decida huir. No está bien que pongamos en peligro la vida de esa gente, pero sin carnada no se puede pescar.-
-Ahora sí hablas como la Melina que me gusta tener a mi lado-

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