008 Santos - III: Cristina

-Detective, si bien no tengo demasiada experiencia, puede confiar en mí cuando le digo que esas puñaladas definitivamente no las hizo un mujer. Le parecerá machista mi comentario, pero no me consta que haya mujeres así de fuertes, al menos no en Windenburg.- dijo Ariel, mientras enfriaba un poco su taza de café con suaves soplidos.
-¿Qué me dice de la esposa del occiso? ¿La conoce?- preguntó Santos.
-La he visto varias veces, he frecuentado su negocio. Si bien es una mujer corpulenta y acostumbrada al trabajo, sus movimientos son gentiles y femeninos. Pero claro, también sé que en situaciones límites existe el concepto de la "Fuerza Histérica"... Quizás sólo me esté negando a que ella pueda ser capaz de hacer algo así -concluyó Ariel y dio el primer sorbo a su café mientras fruncía un poco el ceño.
Melina regresa del archivo desilusionada.
-Santos, ¿quieres que llame ya a la viuda? ¿Estas listo para su declaración? No tenemos nada contra ninguno de los dos, tampoco hay nada sobre los testigos, el archivo está casi vacío. Al parecer nunca nadie trabajó demasiado en esta comisaría.- se lamentó Melina entre dientes, no decidía aún si enojarse o entristecerse por eso. No había amanecido muy centrada ese día, quizás el cambio de clima o la cama desconocida.
-Claro Melina, llámala, aprovechemos la presencia de Ariel para que hable con ella de los resultados de la autopsia- dijo Santos y corrió a prepararle un café que Melina agradeció con una tenue pero real sonrisa.

Media hora más tarde, Cristina Rodriguez se presenta.
Melina notó en su rostro las huellas del llanto, acentuando las del trabajo y la falta de sueño. Ciertamente uno podría pensar que estaba conmovida con la muerte de su esposo. Pero también veía cierto grado de relajación en ella, como si en el fondo algo le alegrara.
Le pidió que tomara asiento mientras notificaba a Santos de su presencia y al regresar siguió con sus quehaceres en el ordenador.
Santos tenía la costumbre de hacer esperar un poco a quienes iban a prestar declaración para que Melina pudiera observar sus actitudes y sacar sus conclusiones después y, en este caso, Cristina se puso bastante nerviosa.
Fue Ariel quien vino a buscarla para hablar primero con ella.
-Señora Rodriguez, esto puede ser doloroso, pero debo notificarle los resultados de la autopsia y necesitaré darle detalles algo desagradables para eso- comenzó a decir Ariel al entrar al cuarto de interrogaciones -. ¿Está en condiciones de escucharlos?-
-¿Tengo otra opción?- dijo Cristina, en un tono innecesariamente punzante.
-Sí, negarse y ser aún más sospechosa, señora- exclamó Ariel, que al instante notó que se había excedido e intentó esbozar una sonrisa para disimular. Ariel era generalmente un hombre simpático, gracioso, pero no le costaba mucho enfurecerse por una palabra mal dicha, un  gesto o un tono desagradable.
El rostro de Cristina cambió de repente y prefirió guardar silencio. Santos observaba todo desde la sala contigua a través del espejo.
José Rodriguez presentaba aproximadamente cinco puñaladas en el pecho, todas propinadas al mismo punto, con una distancia mínima entre una y otra. En su cuerpo no había rastro alguno del atacante. Ariel intentó usar la menor cantidad de terminología médica o policial posible para intentar provocar una reacción en Cristina como Santos le había indicado. Fue incluso un poco crudo pero Cristina sólo escuchaba y asentía. Era difícil decir si realmente no le importaba o si aún no había caído en la realidad.
Santos decidió entonces entrar en escena.

-Señora Rodriguez, soy el Detective Santos Herrera, llevo adelante el caso de homicidio de su esposo.- dijo Santos a modo de presentación -La hemos citado hoy para hacerle unas preguntas.
-¿Acaso soy sospechosa? Este señor lo insinuó hace un momento. ¡Acabo de perder a mi marido! ¿No deberían esperar un tiempo prudencial para dirigirse a mi o algo así? ¿Qué es lo que quieren?- exclamó Cristina con evidente enojo. Definitivamente estaba nerviosa y eso no estaba jugando a su favor.
-Señora si no se calma y colabora con nosotros, definitivamente va a formar parte de la lista de los sospechosos, se lo aseguro. Y tenga a bien respetar a la autoridad, por favor, no agregue esa terrible mancha a su expediente.- dijo Santos con voz firme y segura. No necesitaba levantar la voz, una mirada bastaba. Cristina entendió que debía ser más cuidadosa de una vez con sus palabras. Nada había ido bien desde que había llegado.

Su rostro cambió, miró a su al rededor sin pestañear, volvió la mirada hacia Santos y comenzó a llorar. Entre lágrimas balbuceaba penurias casi incomprensibles.
Yo no he sido! ¡Yo lo amaba a pesar de todo! ¡Ay! ¡Qué será de mi ahora!- exclamó en un momento.
-Cálmese, señora, usted era su persona más cercana y puede ayudarnos a saber qué es lo que sucedió. Solo necesitamos saber algunas cosas sobre él para encontrar un punto desde el cual comenzar a investigar. Si lo prefiere, la dejaremos sola un momento para que se tranquilice y podamos hablar.- dijo Santos y le hizo señas a Melina y Ariel para que se retiren de la habitación. Pero Cristina los detuvo comenzando a hablar desenfrenadamente.
-Es cierto que José y yo no estábamos pasando nuestro mejor momento, pero jamás sería capaz de hacerle daño. No sé qué podrá contarles la gente sobre nosotros, ¡pero les aseguro que no es cierto que él me golpeara! Discutíamos mucho, desde hace años, no he podido darle un hijo y su madre siempre nos lo cuestionaba. Pero lo amaba, juro que lo amaba, jamás le hubiese hecho daño, por favor, ¡no crean lo que dicen sobre nosotros!- y volvió a llorar y balbucear.
Santos miró a Melina sólo para confirmar que ella ya sabía lo que tenía que hacer y Melina asintió. Ariel le sirvió a Cristina otro vaso de agua y cuando logró calmarse la dejaron volver a su casa con el compromiso de hablar en cualquier otro momento.
Cristina se alejó de la comisaría como guiada por la rutina, pero completamente enajenada de su cuerpo. Definitivamente acababa de entender lo que estaba sucediendo y ciertamente había que darle su espacio.

-Melina, ¿ya has llamado a Daniel?- preguntó Santos mientras se preparaba el segundo café de la mañana.
-Ya lo he hecho, Santos. Seguramente él podrá decirnos eso que "dice la gente" sobre la familia Rodriguez. Más allá de eso, ¿qué piensas de lo que sucedió hoy? ¿Crees que ella tiene algo que ver?-
-Creo que no, pero tampoco estoy seguro de que ella esté realmente triste por lo sucedido. La mantendremos vigilada como a los testigos. Y hablando de eso, ¿Javier ya se ha reportado?-
-Aún no, está demorando bastante esta mañana. Espero que no se haya quedado dormido.-
-Bien, pues, yo tomaré otro café aquí porque sabe mejor que el de la morgue, mi compañero compra una marca realmente desagradable, o quizás sea que allí todo me sabe a formol, no lo sé. Luego me retiro si ya no me necesitan por aquí.- dijo Ariel.
Santos se dirigió a su ordenador personal para asentar sus impresiones mientras esperaba la llegada de los hermanos Carrasco y Melina al suyo para hacer lo mismo. Siempre habían trabajado a la par, cotejando impresiones para limar detalles, era una buena forma de no dejar ningún cabo suelto.
Mientras lo hacían, finalmente Javier se comunica con sus compañeros... pero no tiene buenas noticias...










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